Más tarde Sciascia escribió en una carta que las luciérnagas estaban volviendo a los campos y que en siciliano las luciérnagas se llamaban cannileddi di picuraru -candelillas de pastor.
Las cartas robadas son las que se esconden poniéndolas a la vista, dijo, y de venir leídas las proteges haciendo una gran luz alrededor.
Un tiempo yo quise escribir una carta así, escribirla en modo emocionante y pasarla secreta entre el público, luego dejarla desnuda en destino y que el sol la iluminase y la escondiese entre los clarores de mediodía. Pero tampoco sería acogida.
Quería que me fuera devuelva mi vida, amablemente, noescribí, y no la dejé en la cocina al lado del café.
Como no se leería, después pasé de escribirla, pasaba el tiempo mandando un hecho y otro hecho, centenares de hechos vividos debajo de la alfombra, iban allá abajo y cada día que pasaba la alfombra adquiría un relieve más consistente, ya es casi una ballena .
Era el mismo método que dar luz a las cosas segretas, quizás, alfombrar, yo daba y ofrecía el relieve de las cosas noescritas. Según la hora del día y las luces, la ballena a veces es una ballena, a veces un cirro que se desvanece.
Ayer, por la noche, algunas luciérnagas sin luz interna subieron audazmente a los hilos de la electricidad, iban a engancharse a una corriente de energía: ahora están fritas colgando de las piernas contra el cielo que corre muy azul en gran desarmonía con las muertas
Meglio starmi alla larga, ecco
Hace 1 hora.