sábado 20 de junio de 2009

allora ciao,

Cuando me acabó la ilusión de Dios, me empezó  la certeza de la muerte de todas las cosas, especialmente del amor y de las personas, por ejemplo en España la ley del Divorcio se llamó la Fermina porque nació el 7 de Julio, San Fermin, Pamplona.
Por eso yo ayer tenía que encontrarme en el Juzgado con Lucía, para firmar el nuestro que ella quiso, yo no.
Hacia meses que me hacía el avión, firmo mañana firmo pasado mañana, luego desaparecía 3 meses. Pensaba que mientras no hubiera nada escrito en ninguna parte, me salvaba de perderla o fantaseaba que ella cambiaría de opinión, no podía dejarme perder.

No sé como llegué a convencerme de que, en el fondo (en el fondo hace un año que se fue y hace un año que estoy solo), en el fondo me quería. No tenía ni una sola duda sobre su amor, tampoco hoy. Por esta certeza -mía- Lucia me dijo furiosa la última vez que fuera a hacerme ver por un médico, la piel que cuelga de la carne se quita para freír un bistec bueno. Sus palabras son difíciles de interpretar mal, yo no soy médico, me dijo eso, no puedo ayudarte, pero yo no consigo creérmelas.
Consigo creérmelas tan poco que mientras me las estaba diciendo, tuve que cerrar los dedos en el bolsillo hasta hacerlos sangrar debajo de los pantalones. O saltaba a besarla.
Cuando me di cuenta de que todavía estaba pensando en besarla me entraron unas ganas locas de llorar.
La semana pasada por fin me llamó, basta juegos, dijo, si no firmas voluntariamente presento una demanda contenciosa. No me gustaría hacer las cosas así y no quiero hacerte sufrir, luego colgó.
No tengo ganas de discutir en público con Lucía, menos delante de su abogado.
A lo mejor ahora Lucía está con su abogado.
El abogado tiene la pinta de esos hombres que no se dejan besar en la boca. Follar sí, si los calientan, pero besan solo por amor. Para besarlos con la lengua tienes que pasar miles de pruebas de amor, desenmascaran cada engaño. Tiene también bigotes horrorosos, siempre quiero quemárselos cuando se me acerca con el boli del divorcio, luego  matarlo.
Lamentablemente después de haber firmado delante de un oficial- el juez no estaba- me caí a lo largo de la sala -  en las manos del bigotes que me salvó de desnucarme.
Me hice pis y  me mojé los pantalones.

Puse los ojos en blanco.
Salí del Juzgado en ambulancia, la ambulancia sonando a todo volumen.

Isaac cuando oye sonar una ambulancia la imita sempre, se distrae así de la angustia. Vino todo el camino ululándome en la oreja. Le he dicho que se esté tranquilo, todavía cuido yo de él.
El cielo continua siendo el mismo cielo inmenso de los días de la ilusión de Dios, azulísimo y voluptuoso para los que están fuera de aquí. Desde la ventana veo las luces del puerto, las barcas y nubes pequeñas sin peso,  rosas y azul marino.
Los grillos cantan  toda la noche.

La brisa es caliente y real, me levanta el pijama agujereado y parece  como si todavía estuviera vivo, yo, mi cuerpo -me las he arreglado para hacerme conceder el permiso de tener las ventanas abiertas y  estoy solo en la habitación.
Los estorninos de Berlín cubren la catedral de golpe por las tardes a esta hora, luego bajan a descansar en los árboles, me acordé ayer de ellos mientras no cerraba los ojos, los ví con Lucía hace un año.

Lucia se fue hace unos minutos.
Subió para decirme que mi firma es válida, y que la sentencia me llegará en 15 dias, antes de vacaciones, no habiendo hijos, no va al fiscal. Si estoy todavía aquí, puede pedirle al abogado que me la notifiquen en el hospital.
Estaba a punto de decirle que no, luego vi que es mejor no decir nada más. Si vuelvo a decir una sola palabra o a escribirle otra carta me fulmina -parece que le escribí 5.700.899 cartas sí de amºr, sin contar los sms.
Al final ha dicho, ciao Isaac y ha probado a cogerlo despacio por un ala pero Isaac no se deja coger por nadie  tampoco por mí.

Ha vuelto a decir, encontes ciao, al aire le habló